El disco no dejaba de girar haciendo ese ruido infernal que sacaba de las casillas a María. Su nuevo vecino, un poco chapado a la antigua, era fanático de todo lo vintage. Tenía un tocadiscos de los que María escuchaba de niña en casa de su abuela. Su relación con la madre de su madre no era amistosa. Asi que ese traqueteo de la púa saltando de aquí para allá tenía en la paciencia de María un doble filo en su memoria. Esta vez, ella tomó aire y valentía y le tocó el timbre al susodicho. Martín apenas abrió la puerta estaba buenísimo. María se quedo congelada mirándole ese surco que separa entre si los abdominales y continua mas abajo con esa linea que divide los muslos de la cintura. Él con sus ojitos brillantes la saludo tomándola de la cintura, cosa que a ella le disparo una fuerte vibración en el bajo vientre. Luego, completamente confundida con estas nuevas sensaciones, apenas pudo bajar la mirada sobre el tocadiscos y sin mediar palabra, Martín se alejo de ella y saco la púa de la superficie del long play. Cuando él giró hacia ella regresando al umbral de su departamento, ella simplemente le sonrió y se fue muda y completamente fascinada a su hogar.
© aderian
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